“Fracking” provoca que bebés nazcan con bajo peso, según un nuevo estudio

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11 de junio de 2015

Según una investigación llevada a cabo por la Universidad de Pittsburgh, Pensilvania, la fracturación hidráulica —también conocida por la abreviación inglesa fracking— puede conllevar a que las mujeres oriundas de las áreas fracturadas para extraer gas natural alumbren bebés con un peso bajo.

Este descubrimiento se basó en las estadísticas de nacimientos en las regiones de Butler, Washington y Westmoreland, correspondientes al período 2007–2010, correlacionándolas con la proximidad geográfica de las madres a los pozos de fractura hidráulica. Tras cotejar los más de 15 400 nacimientos registrados en el intervalo antes mencionado, el estudio encontró que el riesgo de concebir un bebé con peso y tamaño inferiores a los valores normales aumenta en un 34 % cuando las madres se encontraban más próximas a una zona fracturada. En la obtención de este porcentaje se consideraron y descartaron otros factores, como la exposición al tabaco y el nivel educativo paternales, el sexo del bebé y la cantidad de hermanos biológicos, entre otros.

En la investigación, los expertos enfatizan que los fetos son muy vulnerables ante las partículas contaminantes en el aire. El proceso de fracturación hidráulica arroja al medioambiente químicos como el benceno, el tolueno, el etilbenceno y el xileno.

La rápida popularización de este método de extracción —Pensilvania, por ejemplo, contabilizaba antes de 2007 tan solo 44 pozos de fracturación; compare esta cifra con los más de 2800 actuales—, así como la poca información disponible acerca de las consecuencias de la práctica, ha preocupado a ambientalistas y a habitantes de zonas no urbanizadas en diversas partes del mundo, especialmente en América Latina. La organización Movimiento Mundial Antifracking publicó en 2014 un documento intitulado “Qué quiere, cómo opera y lo que sigue”, en el que se establece la existencia de 681 reservas de gas de lutita, o shale, en las entidades mexicanas de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Jalisco, Sinaloa, Durango, Guerrero, Michoacán, San Luis Potosí y Veracruz. Dichos estados son propensos a sufrir las consecuencias medioambientales negativas que se asocian con el fracking, ahora que la reforma del gobierno peñista a la ley energética dio pie a empresas trasnacionales a iniciar esta práctica en el país y que los sindicatos carecen de la presión suficiente para impedir su puesta en marcha, informa el documento.

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