Portugal instalará salas de consumo asistido para usuarios dependientes de las drogas

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27 de mayo de 2017
Quince años después de aprobada la despenalización del uso de todo tipo de drogas, separando el consumo del tráfico, Portugal presenta los mejores resultados entre los países que adoptaron el modelo. Ni el consumo ha aumentado ni el país se ha convertido en punto de encuentro de toxicómanos de otras partes del mundo. Portugal fue pionero en el tema, liderado por el médico João Goulão, actualmente director del Servicio de Intervención en los Comportamientos Adictivos y en las Dependencias (SICAD), que recibió esta semana el primer pedido para la instalación de una sala de consumo asistido, modalidad aprobada desde 2001 y que debe salir del papel en los próximos meses.

Cuando la cuestión migró del área criminal a la de salud pública, el país vio una reducción significativa de infección por VIH entre los dependientes, de muertes por sobredosis y de la población condenada a pena de prisión por crímenes relacionados con estupefacientes. En 2001, ese grupo representaba el 41% del total de reclusos en el país, índice que cayó al 19% en 2015. Había también cerca de 100 mil usuarios problemáticos de heroína por vía inyectable, número que actualmente no pasa de 40 mil. Pero no todo es de color rosa en ese universo. Todavía queda mucho por hacer.

El balance positivo resultó del hecho de que los dependientes de sustancias ilícitas dejaron de ser perseguidos como criminales y pasaron a ser tratados como enfermos. "El cambio de paradigma transformó Portugal en ejemplo de buenas prácticas. Se explica sobre todo porque, a diferencia de otros países, donde la difusión de las drogas ocurría entre las poblaciones más desfavorecidas, había en aquel entonces un boom de experimentación de drogas en todos los grupos sociales, incluyendo las clases media y alta. En la época, era prácticamente imposible encontrar una familia que no sufriera con las consecuencias del problema", afirmó.

Debido al hecho de que el consumo de sustancias ilícitas que abarcaba de forma completamente transversal la sociedad portuguesa, por lo que se formó un ambiente favorable al enfoque más progresista de la cuestión, conduciendo a la despenalización de todas las drogas. “Cuando las cosas se confinan a los márgenes, es muy difícil movilizar voluntades para políticas inclusivas. En Brasil, por ejemplo, el problema está en las favelas, y es en las favelas que debe continuar”, afirmó Goulão, quien viene visitando el país muchas veces y conoce la realidad brasileña.

Según el médico, la despenalización fue importante y un primer paso para enfrentar el problema, pero Portugal avanza aún más, apostando por la reducción de riesgos y minimización de daños, movido por la idea de que las drogas no se combaten con instrumentos jurídicos y policiales. En este contexto se incluyen las salas de consumo asistido, o narcosalas. Aprobados en 2001, esos espacios no se implantaron todavía en Portugal porque, desde la despenalización, se registró una caída casi vertiginosa de los consumos por vía inyectable.

Sin embargo, con el agravamiento de la crisis económica en Portugal, que afectó los programas de reinserción de personas dependientes de las drogas en el mercado de trabajo y de recuperación social, esa modalidad de consumo recrudeció, lo que, según Goulão, ya justifica la implantación de las primeras salas en el país.

Ellas existen desde hace 30 años en Europa, en un total de 90 distribuidas por nueve países. Solamente en 2014, ocurrieron 6,8 mil muertes por sobredosis en el Continente, pero en ese período se registró tan solo un óbito en esos espacios, en Alemania, causado por anafilaxia. Todas las narcosalas disponen de personal entrenado para intervenir en caso de sobredosis. Los consumidores también aprenden maniobras para ayudar a los que están en situación de riesgo mortal y reciben un kit con naloxona lista para inyectar.

Las salas fueron creadas en una lógica de reducir los comportamientos que aumentan el riesgo de transmisión de enfermedades y muertes por sobredosis. Hay diferentes modelos, desde los integrados hasta unidades móviles, que es lo que Portugal va a implantar en los próximos meses. En estos espacios, los adictos reciben asesoramiento social y psicológico, tratamientos de sustitución de drogas, cuidados de heridas y enfermedades, y cambio de jeringas.

En Alemania, hay espacios más completos donde los drogodependientes son alimentados, pueden bañarse, lavar ropa y dispone de una clínica para cuidados generales, internamiento para quien está en tratamiento de desintoxicación, cuidados que conviven con espacios diferenciados para uso de drogas inyectables y fumadas.

Son distintas las reglas para el acceso a las salas. En Alemania son vetados todos los que están en tratamiento con opiáceos de sustitución, lo que ya deja fuera a cerca de 70 mil personas; algunas aceptan dependientes de 16 años, siempre que con la autorización de los padres por escrito, pero la mayoría solo a partir de los 18 años. Ninguna permite el acceso de consumidores ocasionales o que estén usando drogas por primera vez. También no pueden frecuentarlas quienes se presenten intoxicados o embriagados.

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Fuentes

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La versión original del artículo, o partes de él, han sido extraídas de Agência Brasil.

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