La cumbre del G-20 se inicia en Washington con dos miradas diferentes frente a la crisis

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Reunión del G-8 en julio de 2008.

14 de noviembre de 2008

Washington, Estados Unidos — Hoy y mañana se desarrolla en Washington lo que se espera sea la primera cumbre internacional para afrontar la crisis financiera que golpea la economía de los países más ricos del mundo y las economías emergentes desde marzo de este año.

A la reunión, convocada en principio para el G-20, acuden Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, España, Francia, Italia, Países Bajos, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía, además de un representante de la Unión Europea.

Ayer, el anfitrión, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, realizó una decidida defensa de la economía de libre mercado para contrarestar la visión europea y de países como Brasil, que acuden a la cumbre considerando que el libre mercado ha demostrado ser ineficaz si no se encuentra bajo fuertes regulaciones internacionales.

Los expertos sostienen que la cumbre no puede ser una mera reunión sin medidas concretas, ya que golpea la recesión con fuerza y las esperanzas de la economía internacional están puestas en las decisiones que se adopten, no en declaraciones de buena voluntad.

Reunión preparatoria del G-20 en São Paulo

La urgencia de resoluciones ha chocado con la lentitud del gobierno Bush, interino desde las elecciones presidenciales del 4 de noviembre, y con un liderazgo más que cuestionado en momentos en los que el presidente electo, Barack Obama, mantiene una visión más próxima a las tesis europeas que a las de su propia administración.

Las materias

La regulación del libre mercado aparece clara para todos los miembros del G-20. El problema estribará en la profundidad de esa regulación. Estados Unidos mantiene que "la crisis no se debió a un fallo del sistema de libre mercado", mientras la Unión Europea considera que "hacen falta nuevas reglas de juego".

Bush presentando el plan de rescate.

La intervención pública en la economía. Ese es otro caballo de batalla en el que la economía estadounidense, primera en adoptar medidas para inyectar 700.000 millones de dólares a su banca, ha visto superado su voluntarismo por los hechos. A día de hoy ha debido reordenar el paquete de ayudas varias veces, pasando de aportaciones sin mucho control sobre la banca de inversión, en quiebra por la multiplicación de las hipotecas subprime, a medidas de internvención en el capital de la banca comercial y el establecimiento de líneas de ayuda a otros sectores productivos.

En los escenarios europeos y latinoamericanos, las medidas públicas de intervención de la economía fueron posteriores y distintas. Los países de la Unión Europea destinarón en conjunto casi un billón de euros en intervenciones significativas en Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos, Portugal y Reino Unido. Sólo en el caso de este último, se trató de aportar fondos para la banca de inversión. En el resto, las acciones supusieron o la nacionalización de bancos, o la adquisición de capital con intervención del Estado en los consejos de administración. En cualquier caso, estableciendo limitaciones a las futuras acciones financieras de sus entidades. Brasil acudió al rescate de sus entidades financieras obligándolas a medidas de saneamiento y con control de la banca pública.

El control de los mercados financieros. Todos los miembros del G-20 son partidarios de un mayor control de las instituciones financieras internacionales, singularmente el Fondo Monaterio Internacional y el Banco Mundial, pero difieren en la profundidad de la reforma. Brasil es partidaria de una renovación completa del sistema, con una más amplia representación de los países integrantes en la toma de decisiones fundamentales. Europa clama por un "supervisor global", el FMI, totalmente reformado, y con estrictas políticas de los sistemas financieros en cada uno de los países. En esa línea se encontraría también Japón, que como Europa quiere que se eliminen determinadas "fórmulas creativas" de ingeniería financiera. Estados Unidos, por contra, no desea un supervisor global, y menos que determine su propio modelo, aunque sí sostiene una reforma del FMI pactada.

sede de Lehman Brothers.

Europa exige una forma semipública para las agencias de calificación de riesgos, que se han mostrado insolventes ante una crisis en la que han brillado por su total desbordamiento frente a quiebras como la de Lehman Brothers, ni prevista ni pensada. La falta de credibilidad de estas agencias mantiene en situación de desinformación a los mercados de capitales y eso generaría la precaución excesiva de los inversores. Estados Unidos estaría por la labor de una regulación más estricta para las agencias, pero con controles desde el exterior.

La crisis del valor de mercado. Los valores de las más grandes empresas han caído en picado y el G-20 debe encontrar una fórmula para que los activos tengan una valoración más estable, sujeta a principios de mercado, pero también con una vigilancia efectiva sobre los activos insolventes.

Los preámbulos de la reunión con pésimos datos económicos

Sobre la mesa de la reunión, pesarán los datos de la entrada de Alemania en recesión, la primera economía europea, tras un segundo trimestre a la baja en su PIB, mientras que Francia apenas ha crecido en 0,14 en el mismo período. Mientras, hoy mismo se anuncia que el PIB de la eurozona volvió a bajar en el tercer trimestre del año, el 0,2%, lo que la sitúa también en recesión, arrastrada por la propia Alemania e Italia, que también acumula caídas durante dos trimestres consecutivos del 0,4% y 0,5%. Reino Unido presenta una bajada del 0,5% y España del 0,2%.

Protestas en todo el mundo contra la cumbre

Miles de organizaciones de todo el mundo ya se han movido para protestar contra esta cumbre con lemas como "que la crisis la paguen ellos".

Internet está sirviendo para congregar a colectivos de diferentes lugares del mundo tras un objetivo común. Un ejemplo es un manifiesto que ha sido suscrito por cientos de asociaciones de todo el mundo y miles de ciudadanos. Entre los firmantes hay ONG, asociaciones ecologistas, agrupaciones profesionales, congregaciones religiosas, partidos políticos y sindicatos, lo que da idea de la variedad de personas que están en contra de esta cumbre y lo que representa.

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Fuentes

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