Tras diez años, el legado de Atenas 2004 son deudas e instalaciones abandonadas

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11 de agosto de 2014
A diez años de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, el único legado que el evento ha dejado a Grecia son deudas e instalaciones infrautilizadas o inutilizables por abandono. La edición número 28 de los Juegos, la segunda llevada a cabo en Atenas, se consideró "la oportunidad para transformar la imagen de Grecia en el exterior e impulsar el crecimiento", señala Reuters. La ceremonia de apertura logró silenciar las críticas y, durante 16 días, los griegos "tuvieron muchas razones para estar orgullosos": los eventos deportivos se desarrollaron sin problemas y los atletas nacionales tuvieron un gran éxito.

Sin embargo, una década después, la mayoría de las sedes e infraestructura olímpicas no son utilizadas y algunas otras no pueden usarse por falta de mantenimiento. Otra de las polémicas es el costo de los Juegos, estimado entre los 5000 y los 27 000 millones de euros. Tan solo la cúpula del Estadio Olímpico de Atenas, diseñado por Santiago Calatrava, tuvo un costo de 130 millones de euros; actualmente requiere de 9.5 millones para el mantenimiento necesario.

El Estadio Olímpico es utilizado para los partidos de fútbol del AEK Atenas Fútbol Club, equipo de la tercera división, mientras que el Centro Acuático Olímpico, el Velódromo Olímpico y el Centro Olímpico de Tenis se emplean solo para entrenamiento. Del resto de las instalaciones, solo el Olympic Indoor Hall se utiliza regularmente. El Goudi Olympic Hall, sede del bádminton fue transformado en un teatro. Por su parte, las sedes de remo y piragüismo, son ahora hogar de perros vagabundos, vegetación crecida e incluso se han arrancado filas enteras de asientos. El Centro Internacional de Transmisión es ahora un centro comercial y el Estadio de sóftbol olímpico Hellinikon se encuentra en completo abandono.

Grecia pasó de un déficit del 3.7% en 2002 al 7.5% en 2004, lo que se traduce en un aumento de 182 000 a 201 000 millones de euros de deuda. Seis años después del sueño olímpico, una de las naciones más pequeñas en celebrar el evento cayó en la bancarrota. El entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, declaró que los Juegos jugaron un papel importante en el aumento de la enorme deuda nacional. "Si nos fijamos en la deuda externa de Grecia, podría haber hasta un dos o tres por ciento atribuibles a los Juegos". "[El evento] pudo haber sido organizado con un costo mucho menor, pero hubo retrasos que significaron dobles turnos y tener personas trabajando en la noche cuesta más", aseveró.

"¿Celebrar qué?"

Para Yorgos Kazantzópulos, director del departamento de estudios de impacto ambiental del Comité Organizador de los Juegos, el beneficio fue que "los griegos aprendieron que, cuando quieren conseguir algo, pueden llevarlo a cabo bien", además del "fortalecimiento de la legislación de protección de medio ambiente". Por su parte, Evángelos Kukiasas, presidente de la organización no gubernamental griega SOS Mediterráneo, "el único beneficio en materia de medio ambiente fue la construcción del tranvía que une el centro de Atenas con el frente marítimo de la ciudad". Sin embargo, para personas como Eleni Goliou, dependiente de una tienda de ultramarinos, la pregunta es "¿Celebrar qué?". "Se gastaron dinero que no tenían -nuestro dinero, el dinero de los contribuyentes- en una gran fiesta", afirma.

Atenas recibió los Juegos el 5 de septiembre de 1997, cuando derrotó en cinco rondas de votación a Roma, Ciudad del Cabo, Estocolmo y Buenos Aires. Pero la euforia iniciada cuando Juan Antonio Samaranch anunció que Atenas sería la sede de los JJOO de 2004, se desvaneció poco a poco. La ciudad desperdició los primeros tres años de los siete de organización, lo que provocó que en 2000 el COI les instara a acelerar el proceso pues de lo contrario correrían el riesgo de perder los Juegos.

"Fue dinero desperdiciado, y todo para hacer un espectáculo. Costó mucho", menciona el entonces secretario general de comercio, Dimitris Mardas. Incluso los defensores de los Juegos señalan que el gobierno falló al aprovechar el legado olímpico y utilizarlo para impulsar el turismo. "Si lo pones en una balanza, los aspectos positivos superan a los negativos, pero desgraciadamente, no hemos sabido comunicarlo", declara Spyros Kapralos, presidente del Comité Olímpico Helénico.

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