Fallece el pintor uruguayo Carlos Páez Vilaró

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Carlos Páez Vilaró
Wagner T. Cassimiro "Aranha" / Flickr

24 de febrero de 2014
A la edad de 90 años falleció hoy en su hogar de Punta Ballena (Uruguay) el pintor Carlos Páez Vilaró mientras conversaba con su médico, según declaraciones de su hijo.

En 1941 se trasladó a Buenos Aires donde, luego de trabajar en una fábrica de fósforos y como vendedor, se vinculó a las artes gráficas como aprendiz de cajista de imprenta en talleres de Barracas y Avellaneda.

Mi primer intento de trabajo fue en la Argentina, en la Fabril Financiera, de Barracas, y en una fábrica de fósforos en Avellaneda. Yo era un muchacho lleno de ganas de viajar y de vivir, de sostener a mi familia, y como buen valiente me tiré a cruzar el río. Porque para los uruguayos el río es una tentación: queremos saber si lo que dice Gardel en sus tangos es verdad. Así que crucé a Buenos Aires, en una noche llena de tristeza por haber dejado a mis padres. En Avellaneda toqué el timbre de una fábrica. Y la puerta se abrió mágicamente. A los uruguayos nos quieren mucho. Tuve mi primer empleo, ganando 30 centavos la hora. Después partí a Córdoba, recorrí la provincia vendiendo velas con mi valijita. Y luego, en la Fabril Financiera, se me abrió el universo del arte. En esa imprenta conocí a grandes dibujantes: Lino Palacio, Dante Quinterno, Divito... Yo los admiraba. Quería ser como ellos

Regresó pocos años después a Uruguay donde, atraído por la cultura afrouruguaya, sus comparsas y festividades, se estableció en el conventillo Mediomundo del barrio Sur de Montevideo para acercarse a las tradiciones de la comunidad afrodescendiente uruguaya a la que dedicó buena parte de su obra pictórica.

Pintó murales por toda África en palacios presidenciales, coincidiendo con la independencia de ese continente a mediados del siglo XX. Esta travesía la volcó en un documental que tituló Batouk y que cerró el Festival de Cannes de 1967.

En 1960 pintó el mural Raíces de la paz en la sede de la OEA en Washington, D. C., siendo entonces el más largo del mundo. Mide 162 metros.

Un capítulo aparte en la vida de Páez Vilaró fue el accidente aéreo de su hijo y su posterior búsqueda en la recordada Tragedia de los Andes, que tuvo como protagonista a su hijo Carlos Miguel. Páez Vilaró se trasladó a Chile para encabezar una operación de rescate que finalmente encontró vivo; en base a este suceso escribió el libro Entre mi hijo y yo, la Luna

Me instalé en Chile los tres meses y veía a Carlitos vivo en todos lados. Le gritaba, corría a abrazarlo y no era él. Pero esa certeza y la cadena de solidaridad espiritual hicieron que lo encontrara. Los chilenos me dieron todo sin pedirme nada.

Tuvo seis hijos, tres uruguayos y tres argentinos. Dados sus fuertes vínculos con Argentina, donde también tenía residencia y se trasladaba a menudo, se definía a sí mismo como un hombre del medio del río (por el Río de la Plata que separa ambas orillas).

El 14 de febrero pasado participó en la última fiesta de carnaval de su vida, como integrante de la comparsa Yambo Kenia. Llevaba varios años sin intervenir en los carnavales por problemas de salud. Ese día se vistió con los atuendos carnavalescos como el resto de sus compañeros mucho más jóvenes. Ya una semana antes en una columna del diario El País había presagiado el final.

Coche fúnebre que trasladó a Carlos Páez Vilaró hasta la capilla ardiente en el Palacio Legislativo.
Ganímedes / Wikimedia Commons
Coche fúnebre que trasladó a Carlos Páez Vilaró hasta la capilla ardiente en el Palacio Legislativo.
Cortejo fúnebre que trasladó a Carlos Páez Vilaró hasta la capilla ardiente en el Palacio Legislativo.
Ganímedes / Wikimedia Commons
Cortejo fúnebre que trasladó a Carlos Páez Vilaró hasta la capilla ardiente en el Palacio Legislativo.
Coche fúnebre que trasladó a Carlos Páez Vilaró en la puerta de la capilla ardiente en el Palacio Legislativo.
Ganímedes / Wikimedia Commons
Coche fúnebre que trasladó a Carlos Páez Vilaró en la puerta de la capilla ardiente en el Palacio Legislativo.
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Fuentes

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