La temperatura del escroto de los carteros, una máquina para cambiar pañales, heces cuadradas, pizza contra el cáncer y otros estudios son galardonados con los Ig Nobel 2019

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13 de septiembre de 2019

13 de septiembre de 2019

Este jueves (12 de septiembre), en el Teatro Sanders de la Universidad de Harvard, se entregaron los premios Ig Nobel 2019 que galardonan a los estudios que «primero hacen reír a la gente, y luego le hacen pensar». Como en ocasiones anteriores, fueron diez los estudios premiados por la revista Annals of Improbable Research (dedicada al humor científico) y a cuyos investigadores se entregaron vasos de cartón con cepillos de dientes como trofeo y un billete de diez millones de dólares de Zimbabue, una moneda fuera de curso.

Según indica El País, los premios están encaminados a reconocer a los «estudios científicos más descacharrantes del año, ya sea por sus conclusiones como por su planteamiento». El humor fue la protagonista en la ceremonia de los premios, entregados anualmente desde 1991, que concluyó con el promotor del evento, Marc Abrahams, indicando que «Si no ganaste un Premio Ig Nobel esta noche, y especialmente si lo hiciste, mejor suerte el año que viene» e incluyó a una niña de ocho años que detenía los discursos cuando se extendían demasiado gritando «¡Por favor, para, estoy aburrida!».

A diferencia de los premios Nobel, los Ig Nobel no tienen categorías fijas, sino que se adaptan de acuerdo con las investigaciones del año. En esta ocasión, los trabajos se incluyeron en las categorías de física, anatomía, medicina, educación médica, química, biología, ingeniería, economía, psicología y paz.

Desde la temperatura del escroto de los carteros, hasta una máquina para cambiar pañales, pasando por heces cuadradas, pizza contra el cáncer y otros estudios

El premio en Medicina fue para Silvano Gallus, un científico italiano, «por su recolección de evidencia de que la pizza podría proteger contra enfermedades y la muerte, si se hace y come en Italia». Fueron tres los estudios premiados: en uno analizaba la protección que confería la pizza de ese país contra el cáncer, otro que decía ese alimento podría compensar el riesgo de infarto agudo y uno más centrado en los cánceres de mama, ovario y próstata.

En Educación médica, las galardonadas fueron Karen Pryor y Theresa McKeon por demostrar que era posible enseñar a cirujanos ortopédicos por medio de una herramienta comúnmente utilizada para entrenar perros. En Biología se premió a un equipo internacional de científicos que descubrió que las cucarachas muertas magnetizadas se comportan diferente a las cucarachas vivas magnetizadas. El hallazgo es, sin embargo, «interesante» según El País, pues mediante el sistema desarrollado se puede estudiar la función magnética de los tejidos de muchos animales.

En la categoría de Anatomía se reconoció a los franceses Roger Mieusset y Bourras Bengoudifa de la Universidad Paul Sabatier por tres experimentos en los que midieron la temperatura del escroto de carteros mientras permanecían en diferentes posiciones, desnudos y vestidos. Concluyeron que el izquierdo era más caliente en los vestidos. Por su parte, un grupo de japoneses recibió el premio en Química que calculó el «volumen total de saliva producido por día por un niño típico de cinco años», unos 500 mililitros, principalmente durante las comidas.

En Ingeniería, el trofeo fue para el iraní Iman Farahbakhsh por su máquina para cambiar pañales en bebés humanos. No obstante, el producto requiere que el infante permanezca inmóvil y con las piernas atadas. Por ello, El País dice sobre su aspecto que está «a medio camino entre una lavadora y una máquina medieval de tortura». En Economía, el ganador fue un equipo de investigadores turcos y neerlandeses que analizó siete billetes de uso corriente y concluyó que el leu rumano es el único capaz de transmitir dos cepas bacterianas, quizá por su composición basada en polímeros.

En la categoría de Paz, un grupo internacional recibió el galardón por tratar de comprender por qué y dónde se produce la mayor satisfacción al rascarse una picazón. Para ello sometió a 18 voluntarios al contacto con una planta irritante en antebrazo, tobillo y espalda. Encontraron que el picor y la satisfacción al rascarse varían de acuerdo con el área del cuerpo. El alemán Fritz Strack fue reconocido en Psicología por su descubrimiento en 1988 de que sostener un bolígrafo en la boca te hace sonreír y más feliz por una especie de mecanismo de retroalimentación facial. También fue reconocido por su descubrimiento, dos décadas después, de que su hipótesis no funcionaba. En 2017, falló al intentar replicar sus resultados, por lo que se le reconoce también su honestidad.

Finalmente, en Física se premió a un equipo internacional del Instituto de Tecnología de Georgia, por sus estudios de los motivos por los que wombats, unos marsupiales australianos, defecan heces cúbicas. La respuesta: la elasticidad y flexibilidad de las paredes del intestino que prensan de esa forma las heces. Dos de los premiados, Patricia Yang y David Hu, ya habían recibido el galardón en 2015 en la misma categoría, junto con otros investigadores, por su estudio sobre la duración de la micción de los mamíferos.

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